Tengo días escribiendo este nuevo post para compartir con ustedes. He querido hacerlos con mucha calma y sobre todo con mucho respeto y prudencia ya que esto no fue una simple sacudida como normalmente pasa en la CDMX.
El día transcurría como cualquier otro, solo que este día se celebraba el aniversario del sismo del ´85 y como es tradición cada año, se realizaba un simulacro para concientizar a las personas. Nadie (creo yo) se esperaba que dos horas más tarde, la tierra despertaría y comenzaría a moverse con la magnitud con la que lo hizo.
Al principio yo no entendía lo que pasaba, ya que como buena tapatía, nunca había vivido un sismo y mucho menos con la magnitud con la que se sintió. Yo me encontraba en la oficina, en plena junta, explicando un brief para un proyecto que traemos en puerta y sin darme cuenta, de la silla di un brinco que me dejó completamente parada. En ese momento se escucha el comentario de alguien ahí: “Está temblando.” Mi primera reacción fue tomar mi celular (como buena millenial jajajaj) y salir de la junta. En mi cabeza solo pasaba un cosa: “Mantén la calma, respira” Yo creía que iba a ser fácil evacuar el edificio de mi oficina, ya que solo eran dos pisos los que teníamos que bajar, pero la sensación del piso moviéndose baje tus pies, era imposible caminar a una velocidad rápida. Me mareaba, no me podía quedar parada. En ese momento lo único que pude hacer fue buscar una columna y recargarme en ella. 20….30….40….1 minuto y la sensación no paraba y yo solo podía pensar: “A qué hora se termina esto!”
Finalmente, el movimiento llego a su fin, y con él las devastadoras noticias de los derrumbes y edificios colapsados con gente todavía adentro. La ciudad entro en estado de shock. La gente lo único que quería era irse a sus casas y con sus seres queridos. La ciudad comenzaba a apagarse y lo único que se escuchaba a lo lejos era el sonido de las ambulancias, bomberos y patrullas transitando a la zona Cero (La Roma y Condesa).
La zona Cero es la zona en la que yo vivo, en La Roma para ser más exactos y por obvias razones solo quería saber en qué estado estaba mi cuadra, mi edificio, mi departamento. La ansiedad y el nervio comenzaron a recorrer mi cuerpo y conforme se acercaba la hora de llegar a mi departamento, más miedo sentía. Recorrer las zonas donde solo veías gente deambulando en la calle, sin luz, un olor a gas que aumentaba con las horas y ambulancias pasándote a toda velocidad, lo único que puedes sentir es el corazón apachurrado, y así me sentí. Durante muchos días sentía el corazón apachurrado, mucho miedo y ansiedad.
Por razones de seguridad no pudimos quedarnos en nuestro departamento; no había luz ni gas, y aún estaban revisando los diferentes inmuebles para corroborar los daños en la zona. En ese momento, mi roomie y yo decidimos irnos a casa de sus papásque viven en el Norte de la ciudad y donde creíamos estaríamos más seguras. Lo único que nos pudimos llevar fue una maleta pequeña con unos cambios sencillos, dinero y documentos importantes que teníamos en el departamento.
El terremoto del 19 de septiembre fue hace ya 12 días, ya regrese a mi departamento, estoy bien? “Si”… Tengo miedo? Si… No me gusta que se haga de noche? También… y me dan ataques de ansiedad? Si… Y creo que es momento que cada uno de los que lo vivimos lo reconozcamos. Es una situación normal el tener miedo y el sentir que cualquier alarma es la alarma sísmica, y que cualquier paso de camión, es el inicio de un sismo. Dicen que está sensación se irá disminuyendo poco a poco y que puede llegar a tardar hasta tres meses en desaparecer.
Todos los días antes de dormir, doy gracias por un día más y todos los días que despierto, pido que sea un día bueno. México ya no quiere seguir sufriendo, México quiere volver a la normalidad, México necesita estar más unidos que nuncay necesita a su gente. México nos necesita y no solo la semana pasada o la semana anterior. La situación sigue siendo crítica en la ciudad. Hay muchos edificios que no cayeron con el terremoto, pero que están en graves condiciones y que necesitan ser demolidos. Estos edificios eran los hogares para muchas personas, para muchas familias y era el lugar “seguro” que tenían los niños. Necesitamos regresarles esa confianza y esa sonrisa a todas las personas.
Llenemos las calles de pensamientos positivos, contagiemos a todos los que nos rodean con esa energía positiva y llenemos de amor a todos! México es grande! México es Fuerte! #FuerzaMéxico
Luv,
B
