Estando a pocas horas de que termine el 2017, todos nos ponemos a reflexionar sobre lo que fue este año, por lo que pasamos cada quien como seres humanos, ya sea positivo o negativo. Todo lo que hicimos bien, lo que hicimos mal, lo que definitivamente mejor no hubiéramos hecho y lo que pudimos haber hecho diferente. En estas horas criticas cuando todos queremos visualizar nuestro año, es cuando muchos nos damos cuenta de que clase de año fue. Curiosamente, indagando entre mis diferentes redes sociales y entre las personas que conozco, me atrevo a decir que más del 60% de las personas dijeron, comentaron o hicieron público que el 2017 fue el peor año para ellos. ¿Qué onda? Much
os dicen que fue un año energéticamente muy pesado y con muchos cambios en cuanto a ondas astrológicas y cosas que no tod@s sabemos explicar, pero el punto es que estuvo muy machin y sin duda me uno a ese 60%.
Para mí el 2017 fue un año sumamente difícil, con cambios sumamente complicados; algunos para bien y otros para no tan bien, pero sobre todo emociones y sentimientos que no lograba controlar. Fui una montaña rusa de emociones y sin duda perjudique a muchas personas, entre ellas a mí misma. Sí, me deshice de mucha basura en lo personal y profesional que probablemente hoy en día ya la traigan otras personas (pero ese es otro tema) pero al mismo tiempo descuide otras partes de mi como lo es el
tema familiar, amistad y emocional. Todo el 2017 estuve dentro de una burbuja hermética, sin permitir entrar a nadie y solo enfocándome en las cosas que en ese momento consideraba importantes y mi prioridad. Un de repente, esa burbuja se tronó y fue ahí cuando sentí el golpe y mi realidad fue otra.
Vivir en el DF no es fácil, cambiar por completo tu rutina y tu día a día tampoco es fácil, dejar atrás una vida que creías “perfecta” tampoco es fácil, pero, ¿qué en esta vida es fácil? Extrañé mucho a mi familia, a mis amig@s, mi entorno,
mis días en Tapatilandia (jajaja) pero también estoy creciendo, y creo que sin duda y algo de lo más importante que me deja este año es que me salí de mi zona de confort.
Agradezco infinitamente a las personas que conocí, que han estado conmigo y que me han ayudado durante todo este año. Esas personas que igual no son muchas, pero a estas alturas de la vida, más vale pocos pero bien presentes. Gracias en especial a una persona, que no se si en algún momento de la vida vaya a leer esto, pero gracias Queso por sacarme a flote y sobre todo por intentarme apoyar y aguantar mis malos momentos.
A mí lo único que me deja este 2017 es que me conocí todavía más y prácticamente fue un año en el que luche contra mí misma y mis esqueletos que tenía en el closet guardados que sin querer queriendo los saque todos, pero no para volverlos a guardar y esconder, sino para enfrentarlos y trabajar en deshacerlos, uno a uno.
Y ustedes, ¿cómo les fue en su 2017?
Luv’
B