
Toqué fondo. Negada a aceptarlo y solamente haciéndome daño. Viviendo una vida que no me sentía plena, haciendo cosas que no era 100% feliz y sobre todo compartiendo mi vida con alguien con el que no podía seguir. Mi límite fue en julio, un mes en el que me sentí completamente perdida. Los meses que siguieron no fueron fáciles tampoco. Busque regresar a mi centro, a mis orígenes, pero tampoco me ayudo. Al contrario, creo que salí más confundida a como había entrado. Mi vida estaba completamente loca. No me sentía bien ni aquí ni allá. Y tenía que hacer algo pronto.
¿Dónde había quedado esa niña feliz, hiperactiva, con amor por la vida y sonrisa infinita? Esa niña tenía que regresar. Y estaba dispuesta a hacerla regresar. Sacando a quien tuviera que sacar, haciendo lo que tuviera que hacer, y sobre todo trabajando en lo que tuviera que trabajar para estar bien.
La vida me ha puesto muchos retos en los últimos 5 años (unos más fáciles que otros, la verdad) y este reto fue uno muy complicado y sobre todo difícil de asimilar. No sé si fue mi ego o mi negación a que yo siempre iba a estar bien, pero la verdad es que no.
Hoy, todo ha pasado. He cambiado de casa, he cambiado de trabajo, he comenzado a procurarme a mí, trabajar por mí y hacer las cosas que a mí me gustan. He empezado a trabajar mi parte espiritual y mi parte personal. Rodeándome de cosas positivas, energía positiva y gente positiva. Estoy recuperándome y eso me hace sonreír.
The B va a regresar, de eso no queda duda, y regresará antes de que termine este año. No como propósito 2019 (todo cursi) pero si como propósito personal.
Recuperándome y amándome.
Luv’
B